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El origen de la escritura

16 grabados en serigrafía, hasta con cinco matrices. Estampado sobre papel vitela de 250 g. Edición de 25 ejemplares en castellano y 15 ejemplares en inglés
Autor: Marañón Quiñones

 

El lenguaje y la escritura son grandes milagros, milagros de los que actualmente nos hemos olvidado con el automatismo con que lo llevamos a la práctica. Milagros cuya autoría pertenece al Hombre.

 

Si el lenguaje hablado se pierde en el principio de los tiempos, el lenguaje escrito, en cualquier lugar del mundo, señala la frontera entre la Prehistoria y la Historia.

 

El hombre prehistórico pintaba en las paredes de las cuevas para expresar por medio de pictogramas sus ideas, y aunque tal manifestación no puede considerarse propiamente lenguaje, sí eran los primeros balbuceos de expresión.

 

La pintura rupestre, que empezó siendo naturalista, plenamente figurativa, fue estilizándose hasta dar paso a una expresión más abstracta.

 

Los moradores de las cuevas contaban con una limitada forma de expresión escrita en el umbral de la escritura plena. Los primeros síntomas de escritura (las protoescrituras) surgieron ante la necesidad de contar días y ciclos lunares; o de contar mercancías, jornaleros, ganancias... Además, las protoescrituras, aunque nacieron antes que la escritura, se han mantenido conviviendo con ella hasta nuestros días.

 

El mundo tiende a unificar su cultura. No importa que los hombres utilicen signos árabes, cirílicos, latinos, chinos, japoneses, bengalíes, etc. No importa que grandes núcleos humanos utilicen el pincel mientras otros emplean la pluma, la máquina de escribir o un estilete. Lo verdaderamente interesante es que se escriba y se intercambien pensamientos, emociones, deseos, opiniones, con afán de comprensión.

 
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